Lunes 2 de septiembre de 2013, por Culturas y Desarrollo en Centroamérica

Necesario cambio de paradigma

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Con mayor frecuencia en estos días observamos la desaparición o la permanencia con un bajo perfil, de organizaciones sociales en la región centroamericana que unos años atrás eran expresiones indiscutibles de la sociedad civil regional.

La mayoría de ellas, organizaciones tipo ONG, nacieron bajo el amparo de una pujante cooperación internacional, hace treinta años un actor sumamente influyente en los procesos centroamericanos. Nacieron y quedaron “formateadas” por esa relación entre donante y receptor de donaciones, una relación de poder asimétrica que permaneció en el trasfondo.

Durante los últimos 10 o 15 años se hizo cada vez más clara la conciencia de que este modelo de cooperación comenzaba a perder fuerzas y amenazaba con terminarse. Comenzaron realizarse estudios a finales de los noventa, que señalaban de la necesidad de una reorientación de los métodos de gestión de recursos.

Además, las señales desde los gobiernos y entidades donantes decían sin muchas vueltas que algunas regiones iban perdiendo importancia para la cooperación, que aquellos temas que no mostrasen “resultados” a corto plazo quedarían de lado y que era necesario comprometer a los gobiernos receptores como actores del desarrollo, por lo tanto menos recursos canalizadoas a través de las ONG.

A pesar de que esos mensajes fueron ampliamente conocidos y comentados en cualquier reunión de organizaciones, el formateo del modelo de cooperación fue de tal profundidad, que muchas organizaciones prefirieron seguir apostando a los mecanismos conocidos en lugar de decidirse por cambiar de estrategia y adaptarse a las nuevas condiciones, lo que implicaba una reorientación institucional de peso.

Se realizaron cambios tímidos y descontinuados, que en el corto plazo no mostraban resultados impactantes y por lo tanto se dejaron de lado, pero se debe tener en cuenta cuál era la referencia para medir los resultados. Al final del siglo pasado, a partir de diversos estudios se concluía que alrededor de 270 organizaciones en El Salvador, Guatemala y Nicaragua, de las más importantes ONG de estos países, trabajaban con un promedio de presupuestos anuales entre 300 y 400 mil dólares, los cuales en un 90% provenían de la cooperación externa. (Samandú L. 1999).

Es evidente que estos montos no podían ser sustituidos en corto tiempo a través de otros mecanismos que apenas se comenzaban a explorar, pero tampoco se plantearon propuestas de cambio de mediano y largo plazo, algunos pocos ejemplos de organizaciones que trabajaron con perspectiva de largo plazo indicarían que las transformaciones son lentas, pues no se reducen a un cambio de métodos o mecanismos de gestión de recursos, implican también modificar las propuestas de trabajo y los perfiles institucionales, establecer relaciones más ricas y multidireccionales con los contextos de cada país, desarrollar una cultura de alianzas con una diversidad de actores locales, más allá que los agentes de cooperación.

En el correr de estas dos décadas el viejo modelo de cooperación se fue transformando:

  • los aportes de cooperación se concentran en algunos países y en algunas temáticas
  • se establecen asocios entre ONG y sus cooperantes para postularse en convocatorias de la UE.
  • las mismas agencias de cooperación gestionan parte de sus recursos en la región
  • los proyectos que se financian están sujetos a un más estricto monitoreo con respecto a sus resultados y efectos
  • el financiamiento contribuye en muy poca medida al desarrollo y funcionamiento de las organizaciones.

Las organizaciones que no logran adaptarse a las nuevas condiciones y se han mantenido fieles al viejo modelo de cooperación desaparecen o languidecen. De esta forma se debilitan actores sociales valiosos, se abren vacíos en las propuestas de cambio alternativas difíciles de subsanar y la sociedad civil pierde contrapesos en el balance de poder con los Estados.

¿Por qué ha sido necesario pagar un precio tan alto por mantener una modalidad de organización y de financiamiento? ¿Cuáles han sido los obstáculos, internos y externos a las organizaciones, que impiden transitar hacia otros paradigmas del financiamiento de organizaciones sociales, más centrados en recursos locales?

REFERENCIA:

SAMANDÚ, Luis (1999): «Recursos locales de utilidad social en Centroamérica». San José. CUDECA.

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