Viernes 23 de agosto de 2013, por Culturas y Desarrollo en Centroamérica

PME, proyectos y cambio

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Nuestra experiencia de trabajo con organizaciones de la sociedad civil en Centroamérica y México, nos ha permitido sistematizar información relacionada tanto con la gestión de la sostenibilidad institucional, como con la gestión de los objetivos sociales y políticos que mueven, en la capa más esencial de sus estructuras organizativas, a las OSC.

Ambos campos: sostenibilidad y gestión social y política, deben estar indudablemente vinculados entre sí. No obstante, sostenemos en esta nota, concentrar en demasía los esfuerzos y las actividades en alguno de ellos puede llevar a una ruptura de ese vínculo natural y a la consecuente afectación negativa de uno o de los dos ámbitos.

Algunos de los datos más recientes sobre planificación, monitoreo y evaluación (en adelante, PME) con los que contamos, sugieren una desvinculación de ese tipo.

La información de 30 organizaciones nos indica que solo la mitad de ellas cuenta con un sistema PME actualizado, que prioriza, en términos específicos de monitoreo, los resultados de las actividades y los productos elaborados, por encima de los cambios a largo plazo.

Creemos que ello se debe en buena medida a que estas organizaciones se han acostumbrado a trabajar alrededor de la ejecución de proyectos específicos y no tanto de procesos de gestión de desarrollo sostenibles en el tiempo y heredables a generaciones futuras de cuadros dentro de la propia organización.

Es probable que se haya perdido la noción de cambio social y se le haya confundido en el camino, con pequeñas transformaciones inmediatas y pasajeras. De alguna forma, la dinámica de trabajo con referencia a las agencias de cooperación y sus estándares de evaluación y de verificación de cumplimiento, sostiene esta dinámica que se institucionalizó en buena parte de las OSC y que las convirtió, en mayor o menor medida, en ejecutoras de proyectos cuya sostenibilidad institucional se amalgamó con la financiación de esas actividades, por demás exógena.

Otro elemento que nos lleva a pensar que la noción de cambio social se confundió con la actividad alrededor de proyectos, es la poca participación que se le otorga a los públicos meta en los procesos de consulta, debate y gestión de decisiones de las organizaciones dentro del sistema PME.

El público meta se prioriza como fuente de información, principalmente. Más allá de eso, el protagonismo lo asumen los técnicos y administradores en gestión de información, consulta y debate; y la dirección, en gestión y toma de decisiones. Esto nos lleva nuevamente a la predilección por lo operativo y lo ejecutivo.

El replanteamiento institucional que ha supuesto la crisis del antiguo modelo de cooperación tiene que llevar necesaria, aunque tardíamente, a la revalorización de los protagonistas del cambio que se gestiona, estrechamente ligados con la sostenibilidad, tanto de la organización como del impacto a largo plazo que se quiere lograr. En este sentido, los protagonistas no pueden seguir siendo ni la cooperación, ya de por sí mermada, ni la propia organización.

La dinámica social, los estándares de desarrollo y las nociones de participación ciudadana han cambiado considerablemente en los últimos diez o quince años. Han surgido nuevos tipos de organizaciones civiles, que aunque quizás no sean afines a la visión de mundo y expectativas sociales y políticas por las que aún trabajan las OSC, han ganado reconocimiento y confianza públicos; las alianzas público-privadas ganan también terreno y desde la cooperación y los gobiernos se enfatizan modelos de desarrollo conjuntos de todos los sectores sociales.

El ostracismo institucional que en alguna medida se ve expresado en los vacíos de PME señalados, y la insistencia en gestionar actividades y resultados alrededor de proyectos cuya financiación es ya también incierta, no es solo insostenible, sino letal.

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